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Acumulando Experiencias

  • 3 mar 2016
  • 2 Min. de lectura

¡Ya las extrañaba! Pero acá estoy de regreso. Decidí tomar nuevos proyectos en mi vida y necesité un tiempo de ajuste para poder organizarme y por supuesto para no descuidar mi mayor proyecto en la vida. Esa personita que me trae loca en todos los sentidos.

Hace unos días, mientras lo dejaba jugar libremente y observaba cómo por primera vez lograba embonar las figuras en los espacios correctos del juguete que le regaló su prima en su primer cumpleaños, pensaba en todas las experiencias que hemos acumulado a lo largo de estos meses de ausencia. En todos los sentimientos, logros y aprendizajes que tenemos día a día. Al ver esa ilusión en sus ojos y esa satisfacción por haber logrado tan importante hazaña y después ver su carita cuando volteó y me dijo “Mamá, bavo” mientras aplaudía, no pude más que sonreír y contener un par de lágrimas que querían asomarse de puro orgullo.

Más tarde cuando le platicaba a su papá del gran logro del día, reflexionamos acerca de lo rápido que pasa el tiempo. Me decía que es impresionante como un día decidió que hablaría y desde entonces tiene 2 o 3 palabras nuevas en su vocabulario por día, cada día es más independiente y ahora nos encontramos en la fase en la que él quiere y “puede” hacer todo solo.

De pronto ya no es el bebé vulnerable que nos necesita para absolutamente todo, cada día se vuelve más independiente y quiere esa libertad que le proporciona el poder elegir. Y nuestra tarea como padres es permitirle crecer, permitirle explorar, permitirle ser e intentar intervenir lo menos posible en su desarrollo natural.

¡Qué difícil es recordar que estamos aquí para ser guías! Que nuestra tarea es ayudarlo a crecer en un entorno lleno de amor, sí con límites claros pero respetando que es una persona independiente, que aunque ganas no nos faltan, no podemos tomar todas las decisiones por ellos.

Un día sin duda estaremos orgullosas de ellos y de nosotras por todo el camino recorrido, muy probablemente ese día nos daremos cuenta de que ellos nos han traído muchas más enseñanzas a nuestras vidas que las que nosotros les hemos dado. Y mientras tanto no nos queda de otra más que seguir acumulando experiencias, guardarlas en el corazón y en nuestra memoria y besarlos a cada instante que nos lo permitan, porque hasta eso cambiará y un día no muy lejano dirán “¡Mamá, no!” y solo podremos robarles unos pocos besos cada día.


 
 
 

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